lunes, diciembre 10, 2007

Hombres al sol

a manera de Soler Frost

Tomábamos una infusión de ajenjo, después de un magro desayuno en el Ciruelo Blanco, cuando Po, herbario y viejo amigo de la familia, dio un ligero soplo sobre su tazón, queriendo no enfriar la bebida sino verla agitarse. Luego suspiró. De un tiempo a esta parte, querido A, he adquirido cierto gusto por las oraciones unidas por dos puntos, dijo. Fluyen: brazos de un mismo río separados vereda atrás, que vuelven a unirse no a capricho, sino a su tiempo: misterioso eso como el amor que sientes por E (cariño y ausencia), o la inescrutable piedad de Cristo para ustedes los cristianos. Después abundó en la tristeza que le causan los seguidores de Osho, en el abuso de su inocencia, y yo continué con mi comentario del día anterior sobre el segundo capítulo de La imitación de Cristo, de Kempis. Nos escuchamos. Luego guardamos silencio; ya no dijimos más.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Algunas veces una frase roba mi atención haciendo que el resto de las letras se van borrosas; "que vuelven a unirse no a capricho, sino a su tiempo" es una de ellas.

Aldo Iván Espinosa dijo...

Según las últimas posturas filosóficas, anónimo, uno puede confiar o no en aquello de darle tiempo al tiempo. Los más radicales cifran su avanzada provocando incendios con preguntas como: ¿existe el tiempo? ¿existes tú? Del lado contrario se responde con un optimismo más bien moderado, cercano a la fe, al amor, y a cierta película de Cary Grant y Deborah Kerr.
Por mi parte, prefiero ser como Cary Grant, quien puede esperar pacientemente y por horas en el piso 102 del Empire State, o viendo llover desde el balcón de cierta facultad de cierta universidad, que para el caso resulta lo mismo.

Gracias por la visita.

Ivanius dijo...

A veces, el ocio de media jornada invita a curiosear en lo que parece ser sólo un click y se convierte en vistazo a otro universo pensante; cercado, pero abierto, por herramientas veneradas: idea, electrón y página. Así que gracias dobles: al 7palabras, compañero y amigo de trincheras memorables, y al autor de este espacio, tocayo y también orfebre de palabras. Saludos.

Aldo Iván Espinosa dijo...

Curioso que lo menciones, estimado Ivanius, porque yo también he pensado que eso es la escritura: un oficio de labradores, de pulir palabras hasta que la fuerza de cada una de ellas se conjugue y se muestre, por el bien de la tribu, y de su sanación (porque también creo que la escritura sana al hombre y a su espíritu, los alivia y los renueva.)
Por lo demás, gracias por tu visita y tus palabras. Ojalá tu presencia en este espacio sea recurrente. Por el bien de la tribu.