jueves, julio 13, 2006

I'm not a lucky guy

Disculpe, amigo lector, si me embarga la tristeza. Pero existen días así, disciplinados en su convicción de molestarlo a uno, sin mayor gracia que ver la cara de imbécil que uno les pone. Ni la astucia, ni el chiste blanco, ni el pequeño asunto de la maravilla, valen algo contra su milagrosa capacidad para hacer daño.
Que Dios no lo quiera, amigo lector, ni su destino tampoco, ponerlo frente a transes tan tristes como un corazón roto, un amigo perdido o un esfuerzo consagrado a la nada.
Le deseo, en cambio, que sus sueños se cumplan, que atestigüe milagros, que crea y tenga fe ciega en el amor y que éste no lo defraude. Si algo de esto le sucediera en contra, no dude en decírmelo. Pero créame cuando digo que no encontrará en mí palabras de aliento, ni abrazos ni pañuelos para la pena. En cambio le diría que nos vieramos para beber, en el bar aquel en el que ya nos conocen, y burlarnos el uno del otro diciendo “pero mírate qué triste estás”.
Discúlpeme, amigo lector. Hoy no ha sido un buen día. Hoy soy otro.

2 comentarios:

Héctor Pérez Guido dijo...

Es una sutil casualidad que encuentre este escrito olvidado por sus visitantes. Para mí resulta atractivo porque da la casualidad que ese mismo día se celebra mi onomástico. Ya no recuerdo bien si aquel día fue feliz o amargo, lo que me hace pensar que seguramente no tuvo nada de especial.
Por lo demás estoy seguro que compartimos algo de esa infelicidad perenne que agobia a los infectados de pensamiento exagerado, y por ese simple motivo seremos capaces de acompañarnos en la experiencia de beber algo como remedio inmediato e insuficiente. Hermano, ex jefe, amigo, estoy contigo.

Aldo Iván Espinosa dijo...

¿Te fijas cómo soy un tipo sin suerte? Tenía que irme de la chingada el mismo día que cumplías años.
Hay un sino, un punto al que se llegará desde cualquier camino que se recorra. ¿Pero qué sería de nosotros si no hubiera lugares dónde aliviar ese destino?
Con respecto a tu celebración, creo que hay que ir aprendiendo a celebrarse uno mismo. No importa que los demás no lleguen nunca a la fiesta.

Un abrazo.